• Roma 25.10.2010

    Ideas sacadas de la bella obra de Corrado Augias, Los secretos de Roma, Editorial Debate, Barcelona 2007, 435 pp. –Capítulo 6-La aventura del Moisés

    S. Pietro in vincoli.

    Los “vincoli” de su nombre son las presuntas cadenas que tuvo Pedro cuando estuvo preso, primero en Jerusalén y luego en Roma. La Emperatriz Eudoxia, esposa de Valentiniano III donó los grillos traídos de Tierra Santa al Papa León Magno. Cuando el Pontífice los acercó a los de la prisión romana del santo, los dos pedazos se soldaron. Esta cadena se puede ver en el altar mayor.

                A cada lado de la nave hay 10 columnas, son de las más hermosas de Roma y quizá del mundo, son dóricas, a cierta altura de las mismas están deterioradas como si en épocas remotas hubieran atado a ellas hombres o quizá animales. La Iglesia tiene sótanos sorprendentes, sus suelos frisos de mosaico, las paredes curvatura, hay que pasar agachando la cabeza.

    La sepultura de Julio II

    Miguel Ángel dejó uno de los máximos testimonios de su genio y de su “tragedia”, hablamos del bloque colosal de piedra que su maestría volvió humano, muy humano. Esta obra maestra fue la “tragedia” de su vida.

    En 1505 llama al joven (30 años) Miguel Ángel el Papa Giuliano della Rovere Julio II. Este Papa es “El Terrible” guerrero, hábil político, hombre de conquista y de dominio, no evoca la virtud cristiana de la caridad ni del amor. Es un príncipe renacentista. ¿Qué le pide al autor de la Piedad y del David?

                Que erija para él la sepultura más grandiosa jamás concebida, el Papa tiene 62 años, con tal monumento quiere alcanzar la inmortalidad. “Debe ser la más hermosa del mundo”. Va a ser una mole cuadrangular gigantesca, no adosada a la pared. 40 estatuas en total, 3 pisos, como un templo, para della Rovere dentro del templo de S. Pedro. Le encarga que elija de las canteras de Carrara las piezas. Allí permaneció 8 meses entre los peñascos. Eran grandes bloques y muchos. La gente iba a verlos.

                Pronto M. A. comenzó a trabajarlos, el Papa lo visitaba por un pasadizo secreto. De las primeras estatuas en acometer fue esta de Moisés. El ademán altivo del profeta y su airada energía debían parecerse mucho a las actitudes de Julio II.

    La Basílica, que debía sustituir a la Constantiniana se lo encarga a Bramante.

    Debía construir el templo más bello jamás concebido y así colocar dentro su también desmesurado sepulcro, de este modo no moriría después de muerto, pasando a la posteridad.

    Cambia Julio II de plan y además entre los artistas hay rivalidades envenenadas por envidias, celos y cizaña.

    En 1506 M. A. huye de Roma, ¿Quién va a pagar los mármoles que van llegando? El Papa había suspendido los pagos. Quiere entrevistarse con el Papa, lo echan y de ahí que se va de Roma. Inmediatamente el Papa lo manda buscar con 5 jinetes que alcanzan al fugitivo en territorio de Florencia, no quiere volver y logra que el Papa sepa que dada su falta de interés por la obra encargada de su sepulcro, quedaba libre de todo compromiso.

    Buena pareja: artista orgulloso y arrogante Papa.

    Después de dos años, regresó a Roma.

    La sepultura de Julio II

    Tiene 7 estatuas, En lo alto está la Virgen con el Niño que porta un pajarillo con las alas abiertas, dispuesto a volar.

    Nivel intermedio: Papa Julio II yacente entre una sibila y un profeta, en el nivel más bajo: Moisés con dos cautivos a los lados, M. A. sustituyó las estatuas de los dos esclavos por otras dos: la vida activa y la vida contemplativa. De las 7 son de M. A. 4, Moisés, las dos vidas y el Papa yacente.

    Moisés

                Sobre el ademán de Moisés. Un amigo del artista (desconocemos su nombre) contó que estaban los dos mirando la estatua y le dijo: “Si esta figura estuviese con la cabeza vuelta hacia aquí, creo que quizá quedaría mejor” M. A. no dijo nada. Dos días después me dijo: “¿Sabéis? Moisés no oyó hablar el otro día y para entender mejor lo que decíamos se volvió” Fui a ver y me encontré que le había girado la cabeza, no di crédito a lo que vi”.

                Moisés está sentado con la cabeza vuelta hacia la izquierda, la pierna derecha firmemente plantada en el suelo y la izquierda encogida en una postura muy dinámica, apoyando solo la punta del pie. El brazo izquierdo está sobre la cintura y bajo el derecho aprieta las tablas de la Ley que acaba de entregarle Dios en el monte Sinaí. La mano derecha con el índice extendido, sostiene un mechón de la barba ondulante.

    Moisés, caudillo de un pueblo tenía un temperamento colérico.

                Los judíos, cansados de esperar a que bajara del monte han comenzado a dorar a un becerro de oro. Enfurecido arroja las tablas. El Moisés de la Biblia no es el de M. A. Este Moisés de piedra no está poseído por un sentimiento irracional como la ira, al contrario. La ira está en la mirada, pero su calma habla que el autocontrol ha vencido, no arrojará las tablas.

     

    Posted by jmbo @ 16:50

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