• Sin categoría 12.03.2020

    Te veo feliz, apreciado amigo. Te escribo esta carta para comunicarte que yo también a tu edad, tendría unos 16 años, pasé por ahí. Me veo fotografiado en ti.

    Esta es mi foto que pienso también es la tuya.

    Nunca quise que en la pandilla me arrinconaran y dejaran de lado y probé el cigarrillo, me felicitaron y hasta me echaron algún piropo guarrete, imagínatelos y todo por el primer pitillo y luego por el porrito, conseguí algo de polen, lo gusté hasta me permití coger algo de dinerito a la mamá, nunca se dio cuenta que le faltaba, lo necesitaba con urgencia para los cogollitos. Fui viviendo feliz con los “amigachos” de la pandilla y con los fumeteos. Nos íbamos a algún parque por las tardes y allí le dábamos a lo nuestro.

    Llegó mi “culple” y mis queridos e ignorantes padres, lejanos de mi vida por ellos y por mí mismo, me regalaron un smartphone de lujo, el último modelo. Nunca les daba un beso, hacía tiempo y en esta ocasión se lo ganaron, pero creo que el beso se lo di al regalo. Ya conocía su uso desde los diez años, pero era un uso algo restringido. Éste sí que valía la pena.

    Me pegaba horas trasteando de todo, mi pequeño mundo se convirtió en un mundo global, universal, me comunicaba más con los lejanos que con los que tenía cerca.

    Veía de todo, el whatsapp era mi enganche y no digamos el instagrám que me monté, tenía miles de seguidores; las músicas, los you tubes, los juegos y más y más…

    Había días en mi cuarto, ya tumbado en mi cama, me pegaba entre las dos o las tres de la mañana chateando, jugueteando con mi Smartphone.

    Siempre busqué ser feliz con el cigarrillo; los fines de semana con el alcohol y siempre pendiente del móvil.

    Busqué la felicidad y nunca aparecía. vivía en un mundo falso; me quedaba insatisfecho, vacío, así un día tras otro; hasta que llegó uno de esos días grises, así de claro te lo digo; me fui solo, sí, solo al campo, nunca me gustaba estar solo, fui tan solo que hasta me dejé, queriendo el móvil en mi cuarto, en casa, descansado, creo que yo más que él y me puse a pensar. Creo que era la primera vez que me paraba y en soledad a pensar. Aunque pronto me di cuenta que no estaba solo ya que el viento acariciaba mi rostro, las plantas que iba pisando, me hablaban, el sol me calentaba y hasta los pájaros me saludaban. Así, sin cigarrillo y sin móvil, pensé.

    Creí que nunca podía ocurrir esto en mí y sí sucedió, descubrí el tesoro que llevaba dentro. Me puse la mano en el pecho, noté las palpitaciones del corazón, me metí dentro de mí mismo y ¡Oh, sorpresa! noté y me di cuenta de su run run. Toqué mis sienes, mi cabeza estaba calentita y eso que llevaba una gorra,

    Madre mía, no puedo seguir explicándotelo más; no sé ni puedo, no es que no quiera, me faltan palabras para describirlo.

    Descubrí el tesoro que llevaba dentro. ¿Qué tesoro? dirás. Haz tu este experimento y lo verás, solo de este modo te enterarás.

    Esta es la razón en que me he molestado escribirte esta larga carta porque quiero que sigas, sí, fumeteando, porreando y malgastando tu precioso tiempo con el querido móvil hasta que tú solo te pares y digas: “aquí estoy yo, nadie me manda” y verás, verás aquello que como a mí me ha sucedido que ni lo podrás explicar, pero sí experimentar y vivir con una gran paz y felicidad.

    ¡Qué tonto que fui durante un largo tiempo y sin enterarme! Este es mi deseo: que des con el tesoro que llevas dentro.

    Tu amigo: Xavi.

    Alcoy 09/03/2020

    Posted by jmbo @ 18:21

  • One Response

    • Hola, soy un antiguo alumno y amigo de Burgui. Hace mucho que no se nada de el. Escribí ha su mail hace tiempo y no tuve respuesta, me temí lo peor dada su edad. Buscando por la red he dado con este blog con su nombre, pero veo que el último articulo no lo firma, esto no me da mucha esperanza. Me gustaría saber de mi amigo. Un saludo!

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *